viernes, 25 de enero de 2013

El Adagio del Concierto de Aranjuez, un diálogo con Dios.

Narciso Yepes-Concierto de Aranjuez, 2do movimiento

Durante muchos años la gente intentó averiguar cuál fue la inspiración que le llevó a componer el segundo movimiento, el Adagio, del 'Concierto de Aranjuez' al maestro Joaquìn Rodrigo. Y se mantuvo el secreto durante bastante tiempo. La respuesta del compositor era un simple gesto encogiendo los hombros y una frase del tipo "el viento pasando a través de las ramas de los árboles". Pero en realidad fue algo más que eso y pocos, creo, saben la verdadera historia.

La obra fue compuesta en una época en la que el maestro Rodrigo y su mujer -Victoria Kamhi, una joven pianista turca- atravesaban los peores momentos de sus vidas, los más tristes. Se encontraba el maestro Rodrigo en plena composición de la obra y su mujer, embarazada del que sería su primer hijo, cayó gravemente enferma y tuvo que ser ingresada de urgencia en un hospital de Madrid. Los doctores anunciaban poco después al maestro que su mujer y su hijo iban a morir con casi completa seguridad. Después de oir aquello, el maestro Rodrigo regresó a casa, se sentó delante de su piano y compuso el principio del segundo movimiento. Finalmente Victoria viviría, pero perderían el hijo.

El segundo movimiento es un diálogo musical entre Dios y el compositor. Un diálogo que comienza con un precioso fragmento, un desconsolado paseo de vuelta a casa después de conocer la noticia, y el inicio de una lastimera oración a Dios, suplicandole que no se lleve las almas de su mujer y de su futuro hijo. Es un comienzo extremadamente lindo, capaz de llegar a cualquiera, de tan dulce que suena.

De repente, entra una guitarra, con voz propia, con los ojos llenos de lágrimas insistiendo en la petición a Dios, buscando su misercordia... pero la cuando llega la contestación de Dios (la orquesta), es para replicarle que, para que su mujer viva, su hijo deberá morir. Con tremenda tristeza y resignación, la guitarra acepta esa cruel condición que Dios impone y es entonces cuando se produce la ascensión del alma del nonato a los cielos, expresada en un sólo de guitarra en el que el maestro Rodrigo entrega el alma de su hijo para recuperar, al menos, el de su mujer. Me gusta creer que, el último minuto, representa el reencuentro del maestro con su mujer, la alegría que puede caber dentro de la tristeza de haber perdido al niño...

Escuchar el Adagio sabiendo esta historia, te hace emocionar aún más y apreciar la grandeza de la música clásica, que puede transmitirnos emociones aún sin conocer de antemano la historia que el compositor quería contar. Porque si hay algo que el 'Concierto de Aranjuez' (y sobre todo su Adagio) consiguen despertar ese no sé qué que tenemos dentro y que reconoce la belleza, en este caso sonora, de las cosas.

Es considerada la obra musical española más interpretada en el mundo.

 

 

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