jueves, 20 de diciembre de 2012

Noche de Paz y la Tregua de Navidad

Se conoce como Tregua de Navidad a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio Alemán y las tropas británicas estacionadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la navidad de 1914. La tregua comenzó en la víspera de la Navidad, el 24 de diciembre de 1914 cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con su celebración cantando villancicos, específicamente Stille Nacht (Noche de paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés.

Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto ya había llamadas a visitas en la tierra de nadie, donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc. La artillería en esa región permaneció silenciosa esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de enterramiento con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto. En un entierro en la Tierra de nadie, soldados británicos y alemanes se reunieron para leer un fragmento del Salmo 23:

El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce. El Señor me da nueva fuerza, me consuela, me hace perseverar. Me lleva por el buen camino, por el amor de su nombre. Aunque camine por un valle oscuro no temeré mal alguno porque Él está conmigo.

La tregua se propagó hacia otras áreas, y hay muchas historias — algunas quizá apócrifas — de partidos de fútbol entre las fuerzas enemigas. Hay cartas que confirman que el resultado de uno de esos juegos fue 3 a 2 a favor de Alemania.

En muchos sectores la tregua sólo duró esa noche, pero en algunas áreas duró hasta el año nuevo, e incluso hasta el mes de febrero.

La tregua ocurrió a pesar de la oposición de los niveles superiores de los ejércitos. Anteriormente un pedido hecho por el papa Benedicto XV de una tregua entre las partes en guerra había sido desoído.

Los comandantes británicos John French y Sir Horace Smith-Dorrien juraron que una tregua así nunca volvería a permitirse (sin embargo ambos habían dejado el mando antes de la Navidad de 1915). En los años subsiguientes se ordenaron bombardeos de artillería en la víspera de la festividad para asegurarse de que no hubiera más reblandecimientos en medio del combate. Asimismo las tropas eran rotadas por varios sectores del frente para evitar que se familiaricen demasiado con el enemigo. A pesar de esas medidas hubo encuentros amigables entre soldados, pero en una escala mucho menor que la de los encuentros del año anterior.

La magia de una canción.

Hoy, a tan sólo dos años de distancia de cumplirse un siglo del fin de ese conflicto que cambió para siempre la configuración política, militar y económica del mundo, los informes sobre su origen y su desenlace son exhaustivos.

De esa primera batalla global, donde soldados de territorios tan distantes y dispares de Europa, como India, Sudáfrica, Japón, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Canadá se unieron a las hostilidades, lo sabemos casi todo… casi todo sobre la guerra… pero ciertamente muy poco sobre la paz.

Porque ese conflicto planetario, tuvo una “insurrección pacifista” nacida ni más ni menos que de los mismos soldados, y sucedió en la noche de Navidad de 1914.

Un suceso que se antoja mágico y que suena a cuento, pero que fue real, a pesar de que los gobiernos y los medios de comunicación de la época intentaron eclipsar la historia, conocida como “La tregua de Navidad” o “La tregua de Khaki Chum” –en alusión a las vestimentas militares de la tropa-Noche de Paz

En esa última guerra de trincheras, los soldados de uno y otro bando solían estar separados por apenas unos metros. No sólo podían intuirse, sino que podían perfectamente verse… y oírse.

Y quizá porque la vida posee más significado de cara a la muerte, aquella Nochebuena de 1914, esa cercanía obró el milagro: las armas callaron, y los hombres cantaron.

"Todo ocurrió espontáneamente, en forma muy misteriosa. Un espíritu más fuerte que el de la guerra prevaleció aquella noche", recordaría años más tarde Leslie Walkington, un fusilero de 17 años, citado en el libro de Malcolm Brown & Shirley Seaton.

No es fácil cantar de paz en medio del temor, y sin embargo, varios artículos y libros que rescataron aquella experiencia, cuentan cómo los villancicos navideños lograron hermanar a los enemigos: ingleses, franceses y alemanes que se enfrentaban en un paraje de Bélgica.

Stanley Weintraub, autor de “Noche de Paz, la increíble historia de la tregua de 1914”, (1) recoge en su libro diversas fuentes que confirman esta historia.

El título no es gratuito, puesto que los testimonios recuerdan que los soldados alemanes, comenzaron a cantar Stille Nacht (Noche de Paz). El bando de los aliados, separados de la trinchera germana por no más de 60 metros respondió: también cesó el fuego y acompañó los villancicos con sus instrumentos, para luego cantar a su vez melodías en su lengua…

La música, dicen, es en sí mismo un “idioma de paz”… un idioma que, esa noche, en alianza con la fecha navideña, terminó por borrar no sólo la distancia física, sino la distancia que imponían los uniformes y las insignias que aquellos soldados.

Fuente: Internet.

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