viernes, 24 de agosto de 2012

Curiosidades Instrumentales. El oboe

El oboe, el más importante de los miembros de la familia de viento-madera, apareció a mediados del siglo XVII. Su inmediato antecesor, la chirimía, era idóneo para las actuaciones al aire libre debido a su potente sonoridad, lo cual le apartó de los circuitos cultos. Con el advenimiento del oboe propiamente dicho, la situación cambió y el instrumento se ganó rápidamente un papel destacado en la ópera. A lo largo del siglo XVIII fue gradualmente aceptado en la orquesta, donde pasó de doblar los pasajes de la cuerda (sobre todo a los violines) a establecerse como solista. Su creciente protagonismo en las formaciones orquestales fue paralelo al aumento de composiciones específicas para oboe. El instrumento se había convertido, ya a mediados del siglo XVIII, en un símbolo musical en las principales capitales y países europeos, donde autores de la talla de Telemann, Haëndel o Vivalvi se dedicaban a explotar sus cualidades líricas.

Aunque durante el romanticismo el oboe no tuvo un papel destacado como solista, este período fue fundamental para el desarrollo técnico del instrumento. En Francia, de la mano de Frédéric Triébert, el oboe experimentó las modificaciones constructivas que establecieron las características que ha guardado hasta la actualidad. Estas innovaciones constituyeron, sin duda alguna, el punto de partida del reinado del oboe entre los instrumentos de viento-madera.

OBOES DE TODO EL MUNDO.

Por todo el mundo existen instrumentos que comparten el mismo principio sonoro que el oboe clásico. Es el caso de la ghaîta o zugra norteafricana, un instrumento de unos 45 cm de longitud que no posee llaves y presenta una anilla metálica que refuerza el pabellón. Al igual que ésta, el oboe sirio, de sección cónica, tiene una lengüeta doble de caña que el ejecutante se mete entera en la boca. El interior de las mejillas constituye una especie de reserva de aire. Lo mismo ocurre con el mizmar egipcio, el zourna iraní, el rajta árabe, el mijwiz libanés o el aghanin marroquí. Todas estas variantes, de gran sonoridad, se utilizan en las fiestas y ceremonias al aire libre.

EL OBOE D'AMORE Y EL HECKELPHONE.

El oboe d'amore y el heckelphone son dos modelos destacados de la familia del oboe. El primero, afinado en la, posee un pabellón en forma de pera o bulbo y una sonoridad más suave que el prototipo habitual. La curiosa forma de la campana permite que el aire se expanda antes de pasar por una abertura de menores dimensiones, lo que le confiere un timbre muy característico. Inventado en 1720, su utilización se generalizó durante el siglo XVIII, aunque a partir de entonces ha sido tocado en raras ocasiones.

El heckelphone, por su parte, fue inventado por el constructor Wilhelm Heckel y posee un tubo cuyo diámetro y longitud doblan las de un oboe normal. Está afinado en do y tiene un pabellón esférico con agujeros a los lados y en la pate delantera. Al parecer, surgió cuando en 1884 Richard Wagner pidió a Heckel que construyera un instrumento barítono de lengüeta doble que combinara las características propias del oboe con la sonoridad de la trompa alpina. A pesar de que el heckelphone no se pudo fabricar antes de la muerte de Wagner, se encuentra posteriormente en la ópera expresionista Salomé (1905) de Richard Strauss.

 

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